No siempre resulta fácil seguir nuestros deseos personales. Ya que, a menudo, están en contraposición con los de los demás. Si nuestro Yo guía nuestras elecciones en función de los verdaderos valores que resuenan en nuestro interior, podemos escucharlos o intentarlos acallar. Así pues, algunas personas imponen sus necesidades, otras las disimulan.
RESULTADO:
Mayoría de A
Pareces ser una persona segura de ti misma, capaz de defender con firmeza y habilidad tus puntos de vista. Sin duda te resulta fácil imponer tus ideas durante las reuniones de familia o en tu trabajo. Además, tus argumentos son en ocasiones tan convincentes que tus interlocutores suelen quedarse con la boca abierta. Este aplomo te permite obtener todo aquello que deseas y revestirte de una fuerte autoridad frente a tus colegas o a tus familiares. Sin embargo, deberías tener cuidado ya que tus juicios de valor no deben erigirse en leyes universales que todo el mundo debería seguir a pies juntillas. En efecto, tus respuestas dejan transparentar un cierto temor de que alguien pueda llegar a contradecirte o que tus proyectos sean rechazados. En estos casos, ¡te enciendes! Cualquier tipo de atentado contra tus ideas lo percibes como una amenaza para tu identidad. ¿Te asusta perder tu posición o que puedan llegar a rechazarte? Ten cuidado, si tiras demasiado de la cuerda, corres el riesgo de encontrarte sola(o) o mal rodeada(o). Así pues, si tus relaciones acaban con demasiada frecuencia en conflicto, procura descubrir por qué sientes esa necesidad imperiosa de tener que dominar cada uno de los cambios que puedan llegar a producirse.
Mayoría de B
Pareces discurrir en un mundo de abnegación donde todo se comparte. Siempre dispuesta(o) a prestar servicio, te encanta ayudar a tus seres queridos. Sin duda, las personas que te rodean alaban tu amabilidad y tu humildad. Sin embargo, no buscas ni los cumplidos ni los agradecimientos. Las efusiones a menudo te hacen sentir incómoda. En esos momentos, desearías pasar desapercibida(o) porque la empatía en ti es un don natural. Tampoco te gusta estar en primera línea. Durante las reuniones, por ejemplo, prefieres permanecer en silencio. Te asusta demasiado que los demás te puedan dejar en entredicho. Incluso cuando desearías poder expresar un desacuerdo, eres de las que, al final, optan por callarse. Aparentemente, tu Yo no parece molestarte en exceso. Procuras acallarlo para que no moleste a los demás. Pero, ¿a qué precio? ¿Por qué no te atreves a imponer tus propias ideas? Quizá una educación rígida sea la causa de semejante actitud. Quizá de pequeña(o) te enseñaron que era mejor mostrarte discreta(o) y pasar desapercibida(o) cuando los demás expresaban sus opiniones. También es posible que mantengas desde la infancia el doloroso sentimiento de no sentirte a la altura de las circunstancias. Así, continúas pensando que resulta preferible interpretar un perfil discreto para poder llegar a ser apreciada(o).
Mayoría de C
Sin duda te resulta complicado saber qué lugar ocupa tu Yo ya que, según parece, tus diferentes facetas se van expresando por turnos, imponiéndose, más o menos, según las circunstancias y las personas con las que tienes que enfrentarte. En ciertos momentos, logras imponer tu opinión o hacer aceptar tus proyectos. En otros, te repliegas sobre ti misma(o) y llegas a dudar de tus capacidades. En esos momentos, llegas a imaginar que aquellos que te rodean detentan las llaves que tú no posees. Entonces, diseccionas sus palabras y sus comportamientos con el fin de entender mejor su forma de pensar. Crees que, quizá, toda esta atención te permitirá desentrañar el misterio de sus aspiraciones y hacerlas tuyas para entrar en sintonía con ellos.
Mayoría de D
Frente a los demás, tu Yo refleja la imagen de quien realmente eres, una persona que sabe muy bien cuál es su lugar. Procuras prestar mucha atención tanto a tus emociones agradables como a las dolorosas. Eres consciente de tus cualidades y sabes cómo sacar partido de ellas. Pero también percibes tus defectos que sabes afrontar y aceptar para lograr estar en paz, interiormente, con todas las facetas que dan forma al individuo que eres. Existe muchísima coherencia entre tus actos, tus pensamientos y tus comportamientos. En efecto, rara vez transgredes tus valores más profundos. Vamos, que te muestras en perfecto acuerdo con tu Yo. Esta seguridad te permite depender menos de los demás. Ya que todas tus elecciones te corresponden. Sabes que tú misma te vas guiando hacia el camino que deseas. Poco importan las críticas, la confianza que tienes en tus competencias y en tu intuición te guía y te hace invulnerable. Esta sorprendente fuerza puede venir de la concordia reinante entre los miembros de tu familia. O bien de un trabajo de interiorización personal que te ha permitido diferenciar lo que te ha sido inculcado desde la infancia y lo que, realmente, eres.