El secreto como defensa
te encantan. algunos los guardas con razón, pero otros sin ella
A tus ojos, los secretos revisten una importancia particular y los cultivas con sumo cuidado. Representan lo que los demás no sabrán jamás de ti, sobre lo que no tendrán nunca acceso.
Te encantan. Guardas algunos con razón, pero también tienes otros no tan importantes. Cuantos más secretos tienes, más ganas sientes de permanecer al margen de los demás. Los secretos son para ti una parte esencial de tu persona y, para acrecentar tu imagen de intocable, defendiendo tu espacio, vas acumulando nuevos secretos que no desvelas.
A medida que acumulas secretos, tu seguridad se refuerza. Los vives como algo que te definen, como algo privativo que te diferencia de los demás, algo que ellos no tienen ni conocen. Por esta razón, si alguien comparte contigo un secreto, no lo desvelas bajo ningún concepto. Pero no pierdes el tiempo buscando secretos ajenos ya que estás bastante ocupado/a con los tuyos propios.
Detrás de todo esto se esconden distintos modos de actuar: en primer lugar, parece que para poder existir, crecer, has tenido que crear un espacio en el que los demás no tuvieran acceso. Para evitar ser molestado/a, asediado/a o manipulado/a, te has visto en la necesidad de poner distancia y no hay mejor forma que mediante la ley del silencio.
En segundo lugar, en tu subconsciente, la idea de contar, desvelar, comunicar cualquier parcela de tu intimidad es como exponerse con el riesgo que conlleva a ser juzgado/a y volverte más vulnerable.
Los secretos representan tu esqueleto psíquico. Sin ellos, tienes la impresión de no ser del todo tú mismo. Quizá deberías intentar desarrollar otro "armazón psíquico" que te permita expresar tus sentimientos, tus vivencias interiores, sin sentirte acorralado/a. Abre las puertas de tu refugio para no perderte la riqueza que supone cualquier intercambio entre personas basado en el respeto y en el amor.