Hay gente que se está cuestionando constantemente, mientras que otros prefieren ser más tolerantes con ellos mismos. ¿Y tú, hasta qué punto te sientes culpable? ¿Tus sentimientos de culpa están demasiado presentes en tu día a día? Descúbrelo a través de este test.
RESULTADO:
Mayoría de A
¿Culpable yo? Nunca
Negación de la culpabilidad
La culpabilidad es algo que no va contigo. A veces te sientes harto/a de esta sociedad en la que hay que sentirse culpable por todo. No encuentras nada positivo en este sentimiento, ya que restringe la libertad de pensamiento y palabra. Estás de acuerdo con Nietzsche cuando afirmó que "dejar de sentir vergüenza de uno mismo es la garantía de la libertad conquistada". De vez en cuando sientes sus efectos al pensar: "¿Y si he hecho daño sin querer?", pero te apresuras con un "o hecho, hecho está". Además, antes de preocuparte por lo que puedan pensar o sentir los demás, te centras en averiguar lo que tú piensas o sientes. Esta actitud te permite ser tú mismo/a, reforzar tu sinceridad, preservar tu libertad, ser espontáneo/a. Si alguien te hiere, te esfuerzas por no sentir rencor, ya que aplicas el mismo rasero para los demás.
Si quieres mejorar: ¿no crees que la culpabilidad a veces puede resultar útil, aunque sea en pequeñas dosis? Al concederle importancia y reflexionar, eres más receptivo/a. Cuanto más cerrado/a te muestres, más limitada tendrás tu capacidad de escucha y empatía. Deberías poner más a menudo en cuestión tus decisiones personales. ¿Por qué no te planteas aceptar que puedes sentirte culpable? Si te decides a hacerlo, estarás aceptando el hecho de que no eres perfecto/a; es decir, que eres humano.
Mayoría de B
Culpable, pero solidario
La culpabilidad con ciertos límites
¿Culpabilidad? Sí. Te sientes responsable de tus actos y palabras. Tu preocupación por no hacer daño a los demás te hace sentirte a veces bastante culpable. Este sentimiento te permite saber lo que los demás sienten, si es tu responsabilidad y si es necesaria una reparación o una mejora de tu comportamiento. También te hace ser consciente de que no has sido lo suficientemente compasivo/a o amable. Aceptas el hecho de que puedas sentir tristeza asociada a la culpabilidad, pero intentas que no te domine. Responsable sí, pero no culpable. Prefieres reparar tus errores que sentirte culpable o prevenirlos estando atento/a a los que te rodea. Si las cosas se desmandan, procuras poner un límite, ya que uno se puede lamentar, pero no olvidar que somos personas.
Si quieres mejorar: esta actitud te convierte en alguien previsor y sensible con un gran sentido de la responsabilidad hacia los demás. Sin embargo, debes ocuparte también de ti. A veces eres demasiado sensible. Puedes reparar tus errores y ofrecer una compensación, pero sentirse culpable no significa a la fuerza que lo seas y además hay heridas que se causan que no tienen por qué ser tan graves o incluso que pueden llegar a servir de ayuda. No tienes la obligación de ser perfecto/a ni tener una conducta irreprochable; limítate a ser atento/a con los demás. Y esto ya representará de por sí un gran avance.
Mayoría de C
Culpable por obligación
La culpabilidad interiorizada
La culpabilidad supone para ti un sufrimiento. Te sientes culpable de antemano. Te consideras deudor/a de los asuntos ajenos. "La vergüenza, compañera de la mala conciencia ", escribía Rousseau. Te sientes culpable con demasiada facilidad, hasta el punto de que pueden llegar a utilizarlo en tu contra. Te obsesiona la idea de la reparación, la expiación, el perdón. En ti, la culpabilidad (dolor moral que se padece por lo que se ha hecho) se transforma con frecuencia en vergüenza (dolor moral que se siente por lo que somos). De ahí tu tendencia a infravalorarte y la fragilidad de tu autoestima. Según tú, no cometes "errores", sino que "tienes la culpa". Sin embargo, extraes ciertos beneficios: la gente te aprecia porque siempre estás dispuesto/a a ayudar. Pero tu sentido moral, indispensable para vivir en comunidad, está excesivamente presente en tu vida, supone una sobrecarga.
Si quieres mejorar: ten cuidado, la culpabilidad puede ser un instrumento de mejora, pero no debe convertirse en una manera de castigarse o infravalorarse. Haz lo necesario para que tus escrúpulos se conviertan en una reflexión tranquila sin buscar infligirte ningún castigo. No pienses "¿de qué soy culpable?", sino "¿cómo podría arreglarlo?, ¿qué podría evitar la próxima vez si me encuentro en esta situación?". Concéntrate en buscar soluciones en vez de hacer juicios de valores.