¿Hasta qué punto te quieres? ¿Qué opinión te merece tu imagen y tu manera de pensar? Contesta a estas preguntas para averiguar si vives en armonía contigo mismo.
RESULTADO:
Perfil 1. Te adoras
(mínimo 14 máximo 25)
Sientes la necesidad de que la imagen que tienen de ti los demás y la tuya propia sea aceptada. Tienes que asegurarte de que ésta se corresponde con los criterios que te has marcado como los más apropiados. Encantado con tu cuerpo y tu manera de pensar, siempre atento a la imagen que proyectas, te encanta suscitar envidias. Al poseer un ego tan grande, tu vida se centra en resaltar tus cualidades. Debido a tu imaginación o narcisismo infantil, tienes un ideal de invulnerabilidad. Producto de tu propio narcisismo, eres tan orgulloso como sensible. Te cuesta afrontar tus problemas con los demás de una manera directa. Sin embargo, la satisfacción que te procura tu propio ego compensa tus decepciones. Tu orgullo te sirve de defensa contra la realidad. El culto al yo, el gusto por la vida, la satisfacción de los sentidos ¿nunca te han comentado que muestras un excesivo interés hacia tu persona? Corres el riesgo de que algún día alguien se acuerde de ti y no precisamente por algo bueno.
Perfil 2. Te aceptas
(mínimo 26 máximo 31)
No tienes ningún problema desde el punto de vista físico, psíquico o moral. De hecho, el día en que alcanzaste la madurez te sentiste plenamente identificado con tus virtudes y defectos. Ahora es el momento de que los demás también lo hagan. Natural como la vida misma, no temes nunca mostrarte tal y como eres. Eres capaz de vestir con ropa original o adoptar costumbres atípicas y reivindicas el derecho a ser diferente, a pensar y a hacer lo que quieras; a ser verdadero. No niegas tus defectos, sino que intentas corregirlos y aprender de ellos aunque a veces quizás de una manera bastante obsesiva. Sin embargo, no eludes tus problemas. La fuerza interior, la ternura, tener un ideal o el gusto por la belleza son cosas que no te son ajenas. Te cuestionas, pero sólo lo justo, porque la energía que ahorras al no pretender ser otro la empleas en hacer cosas que te apasionan, como crear o disfrutar de la vida. Todo fluye a tu alrededor.
Perfil 3. Te quieres, pero a veces
(mínimo 32 máximo 37)
A pesar de llevarte más o menos bien contigo mismo, hay ocasiones en las que discutes con tu espejo. Crees que hay un mundo entre la persona que te gustaría ser y la imagen que éste refleja; esta distorsión te angustia. Sin embargo, logras conciliar tus deseos y su realización cuando te sientes motivado. Cuando te sientes querido física y moralmente, todo va bien. Dedicas tu vida profesional y sentimental a aquella persona que te reafirma. Pero, en los momentos de duda, cuando no te sientes satisfecho contigo, te olvidas de todo lo que te apasiona, tanto personas como cosas, como medida de protección. Apasionado y optimista el resto de los días, eres una persona equilibrada y sabes comunicar un sentimiento de bienestar que recuerda a la felicidad, por lo que, en general, se puede decir que has encontrado la mejor manera de quererte.
Perfil 4. No te quieres nada
(mínimo 38 máximo 56)
No aceptas nada de lo que dicen sobre ti, aunque sean cumplidos. De hecho, no te gusta ni tu apariencia física ni tu forma de pensar. Deberías reflexionar sobre esto y preguntarte cuál es tu problema exactamente, ya que, sin expresar tus sentimientos ni deseos, te muestras convencido de que no tienes ningún valor y que ninguno de tus sueños podrán hacerse realidad. Imbuido en este sentimiento de inferioridad y situaciones frustrantes, crees que la belleza y el espíritu son exclusivos de los privilegiados. Exageras la importancia de tus defectos. Ansioso, insatisfecho con los que te rodean, con tu trabajo o con el entorno, transformas tus dudas y rechazos en culpabilidades que proyectas en tu físico o en tu carácter. Pones en duda todo continuamente, forma y fondo. Parece como si no hubieses cerrado episodios de tu infancia. No te centres en lo que no te satisface de tu personalidad sino en lo que podrías hacer para solucionarlo. Sé práctico y proponte dos objetivos: convéncete de que siempre hay algo bueno dentro de nosotros y dedícate a hacer cosas interesantes en lugar de dejarte llevar por tus preocupaciones. El resto vendrá solo.