Saber atender nuestras necesidades nos capacita para experimentar placer. Esto implica reconocer nuestros deseos más ocultos y atreverse a llevarlos a cabo sin sentirnos culpables. ¿Y tú? ¿Sabes disfrutar? ¿Y provocar el goce? Responde con sinceridad las siguientes preguntas.
RESULTADO:
Entre 10 y 18 puntos
Coleccionista de placeres superficiales.
En cuanto se te presenta la ocasión, no la dejas escapar, pero apenas has logrado satisfacerte, pasas a otra. Para ti, el placer es algo fugaz y, para conseguir esa ansiada continuidad, renuevas tus fuentes de satisfacción aunque no sean las ideales. A pesar de esta acumulación, una parte de ti sigue insatisfecha. De hecho, cuanto más disfrutas con el placer, más vacío/a te sientes. La finalidad de estos pequeños placeres que buscas, a veces con excesivo ímpetu, es esconder deseos más profundos, como dejar un trabajo que no te realiza. Además, te asusta la idea de tener que reflexionar y dejar que tus deseos guíen tus pasos. Esto se debe a que la conquista del verdadero placer implica tener que procurarse todo lo necesario para ser plenamente feliz y obliga a asumir con total confianza lo desconocido , a dejarse llevar. Ante esta situación, sería conveniente que dejases un poco de lado los placeres vanales y prestases más atención a tus deseos más profundos: éstos te guiarán hacia otros placeres que alimentarán profundamente tu alma.
Entre 19 y 24 puntos
El placer de saber disfrutar del placer.
Tienes con el placer una especie de relación amorosa. Tan pronto disfrutas esquivándole como le dejas sorprenderte. Cuando te invade, te abandonas a él. Da color a tu vida y te provoca unas ganas irrefrenables de transmitir sus virtudes a los demás. Para ti, el placer no es exclusivo: debe circular libremente, hacer acto de presencia y enriquecerse mediante el contacto con los demás, la vida y el azar. No te dejas atenazar por el miedo a que desaparezca. Te muestras lo suficientemente atento/a a tus necesidades y deseos como para saber despertarlo en caso de necesidad. Eres consciente de que no sirve de nada buscar desesperadamente el placer: es mejor dejarlo llegar, tenderle la mano y dejarle actuar. No obstante, a veces te ves tan absorbido/a por tu felicidad que olvidas el resto. Tu gran capacidad para experimentar placer tiene tendencia a hacerte perder un poco la cabeza. Aún así tu relación con el placer es bastante positiva. Lo importante es que sigas saboreando la vida y que no dudes en descubrir a los escépticos los sencillos placeres de la existencia.
Entre 25 y 30 puntos
Consumista moderado.
Tocas el placer con la punta de los dedos, pero tan pronto como notas que te invade la felicidad, se te enciende la señal de alarma que te llama al orden y te conmina a redoblar la vigilancia. Tienes que procurar no perder la cabeza. Y éste es precisamente el peligro que entraña el placer para ti. Es por lo que intentas moderarlo, racionalizarlo, incluso evitarlo completamente. Lo mantienes a distancia con todo tipo de pensamientos nobles, como hay que pensar primero en los demás. ¿Por qué te cuesta tanto disfrutar con el placer? Quizás te han presentado siempre el placer como algo negativo. Sentir placer se ha convertido así en algo por lo que te sientes culpable. La raíz del problema radica en esta prohibición inconsciente a experimentar placer o, peor aún, a buscarlo. La angustia supera al placer que puedes llegar a experimentar y se reaviva en ti un viejo conflicto entre tus deseos y este sentimiento de culpa opresivo. No dejes que el sentimiento de culpa dirija tu vida. El placer es uno de los principales motores de la existencia, no te prives de él.
Entre 31 y 40 puntos
Vives el placer como algo ajeno.
Crees que el placer depende de las circunstancias externas y es aleatorio. De lo que se trata, parece, es de aprovechar la ocasión cuando se digna a hacer acto de presencia. No tienes muy buena relación con el placer: no sabes bien en qué consiste, dónde encontrarlo ni cómo provocarlo en ti. Estás tan convencido/a de no saber reaccionar que suele pasar por tu lado sin percatarte. Esto podría explicarse por tu dificultad a la hora de tener una relación interior fluida y partir al encuentro de tus deseos. El mero hecho de identificarlos, te deja perplejo/a. Te da la impresión de que se trata de algo complicado y cuando lo intentas, no sientes nada en particular, incluso tienes la sensación de como si estuvieras anestesiado/a. Estás demasiado centrado/a en el mundo externo y has perdido el contacto con tu mundo interior. Deberías empezar a escuchar tus necesidades más básicas, incluso triviales. Sumérgete en las sensaciones y emociones que éstas te susciten. Recupera el contacto y descubrirás que el placer puede sentirse sin importar el lugar, ni el momento