Algunos intentan controlarlo, otros, en cambio, saben cómo saborearlo. Y tú, ¿cómo dispones de tu día a día? Si quieres saberlo, responde a las siguientes preguntas ¡sin perder más tiempo!
RESULTADO:
Mayoría de A
Sabes disfrutar de tu tiempo
Estás magníficamente bien organizado/a. A veces vas con prisas en caso de urgencia, pero, por regla general, prefieres disfrutar de la vida antes que angustiarte. Sabes evaluar en su justa medida el tiempo que necesitarás para poner en marcha un proyecto y esperas a terminarlo para dedicarte a otra cosa. Si alguien te necesita para llevar a cabo nuevos desafíos, te muestras disponible. Y, si una idea te seduce, eres capaz de cambiar todo tu programa con tal de poder participar en ella. Si, por el contrario, la oferta te parece poco interesante, la rechazas. Cómo actuar: Continúa dejándote guiar por tu enorme intuición. Te indicará cuándo realizar esas pausas tan beneficiosas para tu equilibrio. Sin embargo, presta atención a no defraudar las expectativas que los demás tienen puestas en ti. El tiempo es algo relativo, todos tenemos nuestra visión particular del tiempo que pasa y tu calma podría llegar a poner de los nervios a los demás. Ten en cuenta sus demandas antes de que te lleven a sentirte culpable.
Mayoría de B
Tiendes a posponer con demasiada frecuencia
Tienes la mala costumbre de dejarlo todo para mañana. Generalmente empiezas algo y, antes de terminarlo, ya estás embarcado/a en otro asunto creyendo que podrás con todo. ¿Por qué esa manía de posponerlo todo? ¿Has pensado que temes afrontar los plazos que te obligarían a poner a prueba tu valía? Haciendo las cosas en el último minuto, el riesgo parece disminuir. Y siempre podrás convencerte de que si hubieses dispuesto de más tiempo habrías hecho maravillas... Esta estrategia puede ocultar un miedo a la crítica o al fracaso. Cómo actuar: Sería preferible que evaluases mejor el tiempo necesario para realizar tus objetivos y que te ciñeses a él. No quieras estar en dos sitios a la vez: elige una tarea que te apetezca mucho y establece un planning con las diferentes etapas y el tiempo previsto para cada una de ellas. Cuelga este improvisado calendario en un lugar visible donde puedas verlo y prepárate mentalmente para ir pasando cada una de las fases. Cada vez que superes una etapa, felicítate. Cuando hayas llegado hasta el final, celebra el acontecimiento premiándote. De esta forma reforzarás tu capacidad de ir finalizando las cosas que emprendas.
Mayoría de C
Siempre estás desbordado/a
Tienes ocupadas todas las horas del día. Eres de los/as que se lamentan de que el día tenga sólo 24 horas. Siempre con prisa, todo es urgente y te quejas a diestro y siniestro de que ya no puedes más. Hasta tus amigos tienen que pedir cita para poder verte. Si tienes un hueco, genial; si no, tendrán que esperar porque tus ratos de ocio también están planificados. ¿Este frenesí de vida te proporciona la sensación de vivir intensamente? Reflexiona sobre esta carrera contrarreloj en que se ha convertido tu vida. ¿De qué huyes? Esta necesidad de controlar el tiempo puede que se deba a miedo al futuro o a la soledad. Cómo actuar: Procura dejar de controlar las cosas a todas horas. A fuerza de estar bajo presión, corres el riesgo de estresarte de tal modo que llegues a agotarte y resulte nefasto para tu equilibrio personal. Concédete una pausa antes de empezar a experimentar las señales de alarma que podrían tener graves consecuencias sobre tu cuerpo o tu mente. Reserva en tu agenda tiempo para reencontrarte contigo. Aprende a no hacer nada. Estos momentos te permitirán analizar tus comportamientos en el pasado y te ayudarán a comprender las razones de tu desasosiego. También te enseñarán a escuchar tus verdaderos deseos. Entonces podrás anotar en tu agenda que tienes que aprovechar la vida y ser feliz.
Mayoría de D
Para ti el tiempo vuela
Siempre estás muy solicitado/a y casi nunca te niegas a echar una mano. Incluso cuando te proponen una noche de fiesta tras un día agotador, te sientes incapaz de rechazarlo por miedo a desagradar. Siempre al servicio de los demás, te pasas media vida escuchándoles o consolándoles. En ocasiones, toda esta responsabilidad te sobrepasa, pero también hacen que te sientas útil. Sin embargo, desconfía: todo este fervor puede estar actuando como tapadera a tu vacío afectivo. Cómo actuar: Intenta analizar por qué te pasas media vida intentando ayudar a los demás en vez de preocuparte por ti. Puede que tengas una noción de culpabilidad asociada con el placer personal o que la educación que has recibido te haya inculcado el sentido del sacrificio. Procura liberarte y aprende a decir no. Después, recupera este tiempo para colmar tus verdaderos deseos e intentar ser feliz. Convéncete de que sólo podemos ocuparnos de los demás cuando nos sentimos en paz con nosotros mismos. Si tus amistades te aprecian de verdad, serán felices viéndote disfrutar de la vida.