Con tus hijos, frecuentemente pasas de la ternura a la exasperación, y tu amor por ellos, unido a tus dotes como educador, en ocasiones arroja resultados sorprendentes... Descubre lo que ocultan tus valores educativos con tus hijos, con los niños de tu familia o con los de tus amigos. Descubrirás qué tipo de padre eres, y ¡si tienes muchas cosas que hacerte "perdonar"!
RESULTADO:
De 20 a 31 puntos
ERES UN PADRE POETA
Poeta debes serlo desde el momento en el que un niño, a partir de los 3 años, para ti tiene el mismo grado de conciencia que un adulto, la misma inteligencia y los mismos derechos. Pero como no tiene la misma experiencia, aunque tu actitud le encante, no le proporciona demasiada seguridad. Porque, en ocasiones ¡te muestras más que permisivo! Contigo un niño tiene permiso para hacer lo que quiera. Puede organizar su vida como mejor le parezca, pero cumpliendo con sus obligaciones. Tendrá muy pocos complejos, pero puede llegar a sentirse frustrado. Si nunca ha conocido la contradicción, un niño no podrá recurrir a ella a la hora de tomar decisiones y, probablemente, le costará enfrentarse con las dificultades cuando se convierta en adulto. Marcarle unos límites y saber decir que no a lo que te pide cuando resulte necesario, le permitirá sobre todo exteriorizar su agresividad y expresarse. Aunque te cueste mucho contrariarle, en el fondo le vendrá muy bien. Por el contrario, considerar a los hijos como si fuesen amigos y mantener relaciones de igualdad con ellos, puede llegar a crearles una gran confusión. Los científicos han llegado incluso a constatar que estas relaciones pueden entrañar dificultades con las matemáticas, ya que, al dejar demasiada libertad a los niños, se les falsea la noción que tienen de la igualdad. Si, a esto, además se suma en ti una tendencia a la distracción o a mostrarte ausente, tu hijo experimentará con toda probabilidad un estado de soledad o de ansiedad que hará que dependa mucho de ti. Él te adora, pero no dudes en permitirle que siga siendo un niño el mayor tiempo posible, para protegerlo de un número de peligros del que él no es aún consciente, pero que si tuviera que vivirlos, retardarían su evolución. Estos jardines, estos pájaros y estas músicas que pertenecen a tu universo, compártelos con tu hijo, pero actuando siempre como una persona adulta que le sirva de referencia...
De 32 a 54 puntos
ERES UN PADRE FILÓSOFO
Equilibrado, demócrata, tu actitud con tu hijo está fundada en el saber hacer y en la paciencia. Procuras que se convierta en una persona autónoma acostumbrándolo a reglas elementales de la vida social: respetar las prohibiciones y no ponerse en situaciones de peligro para poder enfrentarse a la realidad cotidiana. Y, a partir de ahí, volverse una persona responsable. También fundamentas tus relaciones con él en la palabra, explicándole las cosas, manteniendo con él un diálogo. Al sentirse apoyado por confianza en él, tu hijo adquiere sus propias responsabilidades, asume su soledad, y se muestra capaz de llevar a buen término un montón de cosas. La visión que los padres tienen sobre sus hijos, el sentimiento que experimentan hacia él, confieren un "peso" o no al hijo, desde el mismo momento de su nacimiento, al contrario de lo que ocurre con los niños voladores que su mamá se olvidó de pesar cuando nacieron en el cuento de Peter Pan, y que se marchan volando porque se sienten incapaces de estar quietos y necesitan vivir aventuras donde todo les esté permitido, por lo que también se les conoce con el nombre de los "niños perdidos". Este "peso" que das a tu hijo le ayuda en su desarrollo. Le enseñas, desde que es muy pequeño, a gestionar su existencia sin responsabilizarle en exceso, sin dejar de estar presente siempre que te necesite. Sabe que puedes vivir sin él, que la casa seguirá funcionando aunque esté ausente y esto le tranquiliza. Eres capaz de ofrecer una estabilidad a tu familia gracias a tu manera de ser: abierta, atenta y tierna. Lo que resulta muy beneficioso para él en la concepción de tu papel de padre(madre), es la manera en que te identificas con tu hijo sin enfrentarte con su propia naturaleza, respetando su personalidad. Esto le evita un montón de problemas y le posibilita el desarrollo de relaciones afectivas muy enriquecedoras para ambos. Ni amigo-colega, ni abusando del poder que te confiere tu autoridad de padre, sin duda alguna, eres un filósofo. ¡Felicidades!
De 55 a 77 puntos
ERES UN PADRE ENROLLADO
Estable y dinámico al mismo tiempo, eres un padre de los que podríamos calificar como guay. Firme y tierno, utilizas tu imaginación y haces gala de un gran sentido del humor cuando se trata de tu hijo. Cuando surge un problema eres de los que prefieren hablarlo, discutirlo, intercambiar puntos de vista en familia, en resumen, una puesta en común muy constructiva. Y, ¡funciona! Extremadamente organizado, prevés a largo plazo su vida cotidiana, sus vacaciones o sus estudios, preocupándote tanto de sus necesidades materiales como afectivas. Como tu amor paternal(maternal), está basado en tu voluntad de hacer lo máximo en cualquiera de los ámbitos de la vida, sueles alcanzar el éxito en todos tus proyectos. Sin embargo, en ocasiones no puedes evitar caer en la trampa del perfeccionismo y la sensibilidad y la atención hacia tu hijo disminuyen. Al querer hacerlo todo bien y rápido, podrías no ver en él el detalle revelador de una angustia pasajera, o de una preocupación momentánea. En cambio, siempre sabes moderar tu ansiedad cuando la sientes, y concederte el derecho de relajarte, sin dejar de organizar la vida familiar y concediéndote también momentos de placer. Pero cuando tu hijo comete un error, no dudas en reafirmar tus derechos y en recordarle los suyos sin llegar a instituir una relación de subordinación que pudiera parecerte que atentas contra los derechos fundamentales del niño. A un mismo tiempo enérgico y justo, sabes guiarlo sin empujarlo. Tu concepción del rol de padre(madre) recuerda al que tenía Mentor, personaje de la Odisea, amigo de Ulises y preceptor de su hijo Telémaco, y que se ha convertido en el símbolo de la sabiduría. De alguna forma, ayudas a tu hijo a cortar el cordón umbilical, a separarse de ti, a quien se siente muy unido, a volverse independiente. "Hay que tener el coraje de saber abandonar a los hijos, su sabiduría no es la nuestra", escribió Jacques Chardonne en su libro "Amor es mucho más que amor". Es un poco lo que haces con tu hijo, sin dejar de estar muy próximo a él (para poderlo vigilar de reojo). Padre ideal o casi, muy actual, se podría decir que eres todo un "profesional".
De 78 a 100 puntos
ERES UN PADRE DIRECTIVO
Más que severo, lo que realmente eres es ¡un dictador! Quieres que tu hijo siga tu ritmo y se pliegue a tu ley a toda costa. Posesivo, le niegas todo tipo de independencia, y no consientes ninguna manifestación de agresividad por su parte. El castigo parece jugar un papel importante en tu forma de educar, quizá más para liberarte de una tensión que con un propósito educativo. Temes que tu hijo se te escape de las manos. O, sencillamente, que se escape de casa. Sin embargo, un niño tiene menos necesidad de aprender a someterse que a ser libre. Mantenerse firme no es sinónimo de autoridad. Esta última no permite a un niño reflexionar ni comprender aquello que no conviene de su actitud. Tampoco se siente muy tranquilo cuando se desconfía de sus capacidades intelectuales o físicas, o cuando son puestas en entredicho. Esta actitud realmente podría ponerle en serias dificultades cuando tuviera que enfrentarse con una situación nueva. Sobre todo corres el riesgo de que rechace tu autoridad en cuanto llegue a la adolescencia, y de exponerlo entonces a problemas mucho más graves. ¿Y si tu voluntad de afirmar tu poder tuviese como origen algunas frustraciones? Es posible renunciar a ciertos principios educativos demasiado rígidos, permitir que el niño exista diferente de uno mismo-, autorizarlo a tener sus propias experiencias dentro o fuera de casa, darle la posibilidad de ir construyendo su propia personalidad desde su más tierna infancia. Si no vive entre dos cárceles la del colegio y la de su casa-, tu hijo te apreciará más. Piénsalo un poco, escúchale, explícale las cosas, sé más flexible, más tolerante, con el fin de ejercer una verdadera influencia sobre él. "La educación debe buscar su propia vía entre el Scylla del dejar hacer y el Charybde de la prohibición" escribía Freud en sus Nuevas Conferencias sobre la Introducción al Psicoanálisis. Tendrás que invertir tiempo, paciencia, y sobre todo... ¡déjale volar!