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James M. Barrie: Elogio de la infancia
El hombre que dio al mundo uno de sus principales mitos modernos, Peter Pan, encontró en la infancia una fuente de sabiduría y un refugio a sus temores. Barrie supo ser niño toda la vida sin ser jamás pueril o irresponsable.
"Si dices lo que piensas y no lo que otra persona piensa por ti estás en camino de convertirte en un hombre importante"
LAS TRES IDEAS CLAVE DE SU PENSAMIENTO
1. NO DEJARSE VENCER POR LAS DESGRACIAS. Lejos de convertirle en un ser amargado, las desgracias que acompañaron a Barrie durante toda su vida hicieron de él un hombre muy amable y, en el apogeo de su fama, extraordinariamente humilde. "La vida es una larga lección de humildad", escribió, y aconsejaba ser siempre "un poco más amable de lo necesario". Incansable trabajador, Barrie nunca perdió de vista la importancia del ocio: "Siempre se nos advierte contra la tentación de dejar pasar las horas doradas; pero algunas de ellas son doradas precisamente porque las dejamos pasar". Y había mucho humor en el comentario de un hombre tan laborioso cuando escribía: "No se le puede llamar trabajo a menos que uno prefiera estar haciendo cualquier otra cosa". Entendió el drama del ser humano: "La vida de todo hombre es un diario en el que pretende escribir una historia y escribe otra; y su momento más humilde llega cuando compara el volumen tal cual es con el que se propuso completar". Por eso escribió al final de Peter Pan: "Morir será una aventura tremendamente grande".
2. EL SÍNDROME DE PETER PAN. Peter Pan dio nombre a una condición psiquiátrica que caracteriza a las personas que se niegan a afrontar las responsabilidades de la edad adulta con madurez, refugiándose en una infancia psicológica.
Curiosamente, Barrie nunca huyó de sus responsabilidades, más bien al contrario, aunque es cierto que siempre se sintió más a gusto en compañía de niños que de adultos. Sin duda, influyó el abandono emocional sufrido de niño: su madre solo quiso al hermano muerto y su padre nunca se acercó a sus hijos.
3. CREER EN LA MUJER. Incluso antes que el niño, el ser para el que Barrie guarda una permanente admiración, chocante para la época victoriana en la que vivió, es la mujer, a cuya primera representante en su vida, su madre, Margaret Ogilvy, habría de dedicar una conmovedora biografía. “El Dios al que los niños pequeños dedican sus oraciones tiene un rostro muy parecido al de sus madres”, escribió, uniendo sus dos grandes temas, infancia y feminidad. De hecho, para Barrie “la segunda infancia del hombre empieza cuando una mujer toma posesión de él”. Y añadía: “Todo hombre que ha llegado lejos tiende a pensar que todo el mérito es suyo, y su mujer sonríe y deja que lo piense”. Su comprensión por el mundo femenino le valió la amistad de la princesa Isabel, que obligaba al autor a visitarla para pasar una o dos horas en su compañía.
Reportaje completo en la edición impresa [Psychologies nº 40].

SU VIDA EN FECHAS
1860 Nace en Kirriemuir (Angus, Escocia).
1865 Muere su hermano David, suceso que marca su infancia.
1883 Empieza a colaborar en un diario de Nottingham.
1897 Contrae matrimonio con la actriz Mary Ansell, de quien se divorciará poco después. En el mismo año conoce a los niños de los Llewelyn Davies.
1904 Se estrena Peter Pan en teatro
1910 Se convierte en tutor de los Llewelyn al quedar huérfanos.
1937 Muere de neumonía.


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