Juana de Castilla: Resistencia sin límite
La primera princesa de Asturias fue protagonista de una época vital de la historia de España. Hija de reyes y madre de reinas y emperadores, fue tenaz para sobrevivir el acoso político, social, moral y personal que le impusieron
Fue fiel a su pareja y a las ideas de su familia, a los que no traicionó. Sin embargo, ella fue maltratada por todos
LAS TRES IDEAS CLAVE DE SU PENSAMIENTO
1. AMOR sin concesiones Si unas palabras definiesen la relación de Juana de Castilla con Felipe El Hermoso esas serían amor sin concesiones. Desde que se encontraron por primera vez en Lille (Francia), donde la pasión superó límites insospechados, hasta su muerte en España, Juana fue fiel a un marido que no le pagó con la misma moneda. Enamorada del hijo del emperador de Alemania, nunca fue correspondida plenamente por un esposo aficionado a veleidades femeninas en las cortes de los Países Bajos. Los celos la conducen a una inestabilidad emocional importante, que desemboca en una situación dramática, y marcó para siempre el destino de Juana de Castilla. Manuel Fernández escribe: "Felipe fue distanciándose cada vez más, atendiendo a los problemas de Estado (...) acudiendo a nuevas relaciones amorosas que podía controlar mejor, poco conflictivas; mientras Juana (...) dejaba pasar las horas (...) en un cuarto oscuro, sin querer ver a nadie". Sin embargo, a la muerte de Felipe, recorrió Castilla con los restos mortales del marido, al que intentaba enterrar en Granada.
2. Firmes convicciones En una Europa de alianzas y tratados, donde el destino de los estados estaba atado a los acuerdos de las casas reales, Juana de Castilla supo mantener a raya a su marido Felipe El Hermoso, simpatizante de alianzas con Francia, bien a través de una posible de boda de su hijo Carlos, que no tenía ni un año, con una hija del rey Luis XII, bien a través del vasallaje. Discutió con su marido porque entendió que firmar ese acuerdo era ir en contra de sus padres, que tenían en Francia a su enemigo. No firmó, ni tampoco aceptó el vasallaje de su marido al rey galo. Su negativa sucedió en una ceremonia religiosa en la que, según los cronistas, la princesa "sintió el negocio" y se negó a aceptar las monedas de oro que simbolizaban la sumisión al rey francés.
3. Fuerte ante el acoso La soledad interior le acompañó desde que dejó España, con 17 años, para casarse con Felipe El Hermoso. Una personalidad marcada por su fuerte carácter, con diferentes estados de ánimo en los que se alternan las situaciones despóticas, altivas y vengativas, con largos periodos de depresión y alejamiento de la vida social, política y religiosa. No hay que negarle una fortaleza emocional para resistir situaciones de fuerte dramatismo (maltrato moral, viuda desde joven) o cautiverio, donde la humillación era el pan nuestro de cada día. Algunos de estos momentos difíciles fueron superados con la llegada de sus hijos, seis vástagos, cuatro hijas y dos varones, que ocuparon diferentes tronos de las coronas europeas. Ellas fueron reinas y ellos, emperadores. Sin embargo, poco pudo disfrutarlos porque pronto abandonaron la familia en busca de alianzas en la Europa del siglo XVI.
Reportaje completo en la edición impresa [Psychologies nº 27].