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Antoine de Saint-Exupéry
El hombre que observaba desde el cielo
Parecía más un soñador que un hombre de acción. Sin embargo, antes que escritor era piloto y viajero infatigable. Una pregunta le inquietaba: “¿Cómo dar sentido a nuestra existencia?”. Halló respuesta en la suya propia, vitalista y con una visión muy peculiar.
"Sólo se ve bien con el corazón;
lo esencial es invisible para los ojos" (Antoine de Saint-Exupéry)
LAS CINCO IDEAS CLAVE DE SU PENSAMIENTO
1. BUSCARSE A SÍ MISMO. Para Saint-Exupéry, la búsqueda de lo absoluto es lo que da sentido a nuestra lucha diaria. En sus obras, escribe impulsado por su afán de indagar en lo más profundo de nuestro día a día, lo que nos ayudará a encontrarnos a nosotros mismos. “Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que a los demás. Si logras juzgarte bien a ti mismo eres un verdadero sabio”. Para el autor francés, nadie tiene derecho a pedir a los demás algo que no haya logrado él por sí mismo.
2. APRECIAR LO BÁSICO. “Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cuál es la estrella que lo guía”, dice el escritor, para quien en demasiadas ocasiones nos cegamos con las cosas más superficiales y olvidamos lo básico. Como vía de superación, el escritor invita a ir al desierto, donde pasar privaciones nos hará valorar las cosas más sencillas, como un sorbo de agua.
3. OPTAR POR EL ESFUERZO. Saint-Exupéry nos propone convertirnos en héroes de nuestras propias vidas, porque el hombre “sólo existe en la medida en que se realiza”. Para ello, tenemos que apostar por el esfuerzo frente a la comodidad y por el riesgo frente a la estabilidad. La acción serena al hombre, da sentido a nuestras vidas y ayuda a crecer interiormente. “El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe a dónde va”, dice, porque al actuar nos convertimos en seres humanos.
4. SERVIR A LOS DEMÁS. El valor de una vida no está en los bienes materiales, que son efímeros, sino en el afecto. “No me gustan los que tienen un corazón sedentario. Aquellos que no cambian nada no llegan a nada”, dice. Según él, la existencia sólo tiene sentido si nos ponemos al servicio de los demás. El autor muestra así su confianza en el hombre, al que considera generoso y solidario por naturaleza. “No podemos esperar nada de nosotros mismos, pero sí de la colaboración de unos y otros”, sentencia.
5. APOSTAR POR LA AMISTAD. Para Saint-Exupéry estar al servicio del prójimo es uno de los pilares del humanismo, pero el autor da un paso más y nos invita a potenciar el amor y la amistad como fuente de vida. Como el zorro de “El Principito”, símbolo de la amistad, sus referencias a estos dos conceptos son constantes en todas sus obras literarias. “El amor es lo único que crece cuando se reparte”, opina. Para él, “amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección”.
Reportaje completo en la edición impresa [Psychologies nº 1].

SU VIDA EN FECHAS
1900 El 29 de junio de este año, Antoine, hijo del vizconde de Saint-Exupéry, nace en Lyon. A los 4 años pierde a su padre. También muy joven fallece su hermano.
1912 Con sólo 12 años, recibe su bautismo en el aire.
1921 Se enrola en el Ejército del Aire para cumplir el servicio militar y obtiene por su cuenta el título de piloto privado. En agosto de este año es destinado a Marruecos. Allí, tendrá su primer contacto con el desierto, circunstancia que le marcará en el futuro. A las puertas del Sáhara, nace el escritor.
1926 Se convierte en piloto de la línea aérea Latécoere y escribe su primer libro, "El aviador". Posteriormente, dirigió la Compañía Aeropostal Argentina.
1931 Se casa con Consuelo Suncin, viuda de nacionalidad salvadoreña. Ella inspiraría la rosa de "El Principito". Su matrimonio, sin embargo, sería tormentoso por las ausencias e infidelidades de Saint-Exupéry.
1940 Se instala en Nueva York, donde escribe "El Principito".
1942 Se va con su escuadrilla a Argelia.
1943 Alcanza la edad para dejar de pilotar y pasa a la reserva.
1944 Negocia para obtener una última misión. Despega el 31 de julio, pero nunca llega a su destino. Se cree que su avión fue derribado por los alemanes mientras cruzaba Córcega.


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