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PILAR RIOBÓ
Jefa asociada de Endocrinología y Nutrición de la Fundación Jiménez Díaz, de Madrid. Doctora en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid.
ALIMENTAR BIEN EL CEREBRO
Con el envejecimiento de la población, aumenta la prevalencia de enfermedades neurodegenerativas, como las demencias y la enfermedad de Alzheimer, que afectan a más del 10 por ciento de las personas mayores.
¿Quién no tiene miedo a padecer una pérdida de memoria, de capacidad de concentración? La idea de alimentar bien el cerebro para mantener una mente ágil más tiempo es el sueño de muchos. También se ha intentado ejercitar la mente con el mismo objetivo (brain training). Pero ¿cómo se puede alimentar bien el cerebro? ¿Existe una dieta cerebro-protectora, similar a la dieta cardioprotectora?

Numerosos estudios avalan el papel de algunos alimentos (frutas, verduras, pescados, soja y nueces) para prevenir el deterioro cognitivo. Otros estudios relacionan una dieta pobre en triptófano con la falta de concentración, o muestran la importancia de mantener normal el nivel de glucemia para tener una buena función cerebral.

El Alzheimer es un acúmulo anómalo de una proteína en el cerebro que forma unas "placas amiloides" que, a su vez, producen un bloqueo del sistema de comunicación entre las neuronas. El cerebro es un órgano con alta actividad metabólica que genera radicales libres de oxígeno, tóxicos para el tejido cerebral. Los antioxidantes, y la vitamina E en particular, protegen al cerebro del daño causado por los mecanismos oxidativos e inflamatorios. En estudios experimentales, las ratas alimentadas con dieta rica en antioxidantes tienen mejor aprendizaje y memoria, y menos daño oxidativo en el cerebro. Pero las investigaciones en humanos no son concluyentes. Se han realizado tres estudios con ancianos de Chicago, Róterdam y Nueva York. En los dos primeros, con una ingesta mayor de alimentos ricos en vitamina E (aceites vegetales, nueces, almendras), se observó un riesgo menor de padecer Alzheimer. Otros estudios avalan que el colesterol alto, así como la ingesta elevada de grasa saturada y de "grasa trans", conllevan un riesgo tres veces mayor de contraer la enfermedad. Por el contrario, la grasa monoinsaturada y poliinsaturada se asociaba con un menor riesgo. Además, una ración de pescado a la semana se relacionaba con un 60 por ciento menos de posibilidades de sufrir Alzheimer.

Y aunque estos estudios son prometedores, son necesarias más investigaciones. Lo que sí está demostrado es que conviene incluir en nuestra dieta el pescado, las nueces y los aceites vegetales, así como limitar las comidas ricas en grasas saturadas y de tipo "trans", como carnes rojas, mantequillas y alimentos con "aceites parcialmente hidrogenados". Así, también estaremos disminuyendo el riego cardiovascular.
Octubre 2008 [Psychologies nº 48].


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