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PILAR RIOBÓ
Jefa asociada de Endocrinología y Nutrición de la Fundación Jiménez Díaz, de Madrid. Doctora en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid.
SECUELAS PSICOLÓGICAS DE LA DIABETES
Simplemente el diagnóstico de la enfermedad (“Usted padece diabetes”) ya produce un cierto estrés para el que la sufre. No en vano, muchos pacientes tienen algún familiar que ha padecido la enfermedad y ha fallecido por complicaciones de la misma.
Aunque la experiencia a veces puede ser positiva y estrechar los lazos familiares, generalmente es negativa, ya que se trata de una enfermedad crónica que precisa cambios importantes en la actitud de la persona y en su forma de vida.

Como todas las enfermedades crónicas, la diabetes tiene “secuelas psicológicas”. Pero con la diabetes hay algo diferente: aunque sus efectos son importantes, también son “invisibles” (no hay heridas, ni vendajes…), lo que impide las concesiones que se dan a todos los enfermos.

El tratamiento es complejo y para toda la vida. El paciente ha de tomar decisiones terapéuticas importantes, como son las dosis de insulina. Un ligero error de cálculo en esa dosis puede producir una hipoglucemia con pérdida de control sobre el comportamiento o pérdida de conciencia. Esta carga no existe en otras enfermedades crónicas “invisibles”.
Al diagnosticarse la diabetes los pacientes “pasan de ser una persona ordinaria a un supermán”, que se autocontrola la glucemia mediante un pinchazo en el dedo al menos cuatro veces al día y se inyecta insulina cinco veces en el mismo periodo. Sin embargo, muchos programas de educación de diabetes comienzan diciendo: “Usted puede llevar una vida totalmente normal”. Inyectarse insulina y tener que contar las raciones de carbohidratos no puede considerarse nunca vivir una vida normal.

La comida deja de ser un placer para convertirse en una medicina. Es la parte más tediosa del tratamiento, la más difícil de entender y la más dura de cumplir. Además no permite “tomarse vacaciones”. Estamos en una sociedad consumista en la que las comidas menos adecuadas nutricionalmente (pero las más sabrosas) están favorecidas por enormes presupuestos publicitarios.

Para empeorar más las cosas, existe cierta confusión sobre la dieta ideal. Algunos apoyamos cualquier cambio concebible de carbohidratos, siempre que el peso y el control glucémico sean los adecuados. Pero otros son más estrictos y restringen mucho la lista de alimentos a tomar.

También es interesante tener en cuenta el tiempo que se pierde cada día con las actividades diabéticas: la media diaria estimada es de 15 minutos.
Mayo 2008 [Psychologies nº 48].


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