Se mueve ligera, como una pluma. En el tiempo que el mundo da una vuelta, ella parece dar diez. Aquella niña que descubrió Chicho para su Un, dos, tres, y la Clarita de la serie Pepa y Pepe, quedan ya lejos. Luego vino el cine, el teatro y premios el más reciente, la Biznaga de Plata de Málaga 2006 por La dama boba. Hasta aquí, la biografía oficial. Pero, además, Silvia tiene un radar especial para percibir la vida, un mundo interior rico e inquieto. He aquí a una mujer que tiene mucho que contar.
Dices que tienes tres dones: el de la mirada, el de escuchar y el de pensar...
¿¡Eso lo he dicho yo!? Así, dicho por mí, no sé... pero es cierto, creo que la mirada es uno de mis lenguajes más potentes. El don de escuchar me parece importe, se aprende más escuchando que hablando. Y el de pensar, también lo es. Vivimos en una sociedad en la que no se permite parar para reflexionar, sólo hay tiempo para avanzar. Pero avanzar, ¿hacia dónde? Me gusta hacer el ejercicio diario de pensar, de tomarme el tiempo para reflexionar.
Es cierto que todo nos empuja a no pensar, pero ¿no hay también una parte de responsabilidad propia?
Sí. La hice sobre todo con Carmen Maura, y parecía que se la estaban haciendo a ella por la manera ¡Por supuesto! Además, el tiempo sí que depende de nosotros. Es tan fácil como decir sí o no, de saber poner el freno de mano. Es una cuestión de prioridades, de saber respetar el tiempo que necesita un cuerpo, una emoción, y dedicárselo.
Detrás de esa imagen dulce que proyectas se intuye firmeza...
Creo que tengo una parte muy sensible, para bien o para mal, que espero que no se me duerma nunca, y también tengo una muy luchadora. Huyo mucho del carácter victimista. Incluso en los procesos duros o dolorosos, es para mí un reto no quedarme ahí enganchada, ni tampoco pasar por ellos de puntillas, ni borrarlos, sino pisar con toda la planta para aprender y para seguir adelante. Mi sensibilidad no la asocio a una debilidad, sino a un despertar. Y soy muy leona, tengo carácter.
Empezaste en televisión a los 14 años. Eso te podía haber influido de manera negativa, pero ha sido lo contrario. ¿A qué crees que se debe?
A la riqueza de la gente que me rodea. Ése es mi mayor don. Familia, amigos, pareja... El núcleo personal es muy sólido y muy importante en mi vida. El que se vuelve tonto es que ya tenía papeletas.
Reportaje completo en la edición impresa [Psychologies nº 20].